7.6.14

El desafío a lo apolíneo de Jacinto Lárami.

 
Antes de horadarse la garganta para extraerse la nuez de Adán e inyectarse su propio esmegma, Jacinto Lárami garrapateó unas notas de las que yo, Sergio Penis, sólo comprendí la mitad. Allí intentaba explicar con torpe prosa su descontento con lo que él llamó "la ilusión de comunicación" y cómo planeaba romper con cualquier tipo de vínculo. Este rompimiento, mencionaba, no podía ser realizado de una sola vez por alguien de tanta fragilidad como la suya. Era necesario primero, dar algo que fuese importante, para luego retirarse. Hasta que no quedase nada importante para dar.

 El tétrico Chobitrosky, en un cruento reflejo ficcional, en una simetría de mentira, luego de ponerse la coronita, empezaba a cazar a sus amigos. Mucha gente lo festejaba, al grito de "¡Qué loco el chobi ese!" pero para el nefasto Chobitrosky, ese festejo era dado por razones que para él, no eran las correctas.

 ¿Qué es lo correcto? Se preguntaba Jacinto, en una de sus desesperadas parrafadas. La respuesta no tardaría en llegar, pero...