22.8.14

La Conclusión de Jacinto Lárami



Las horas que mediaron entre la última vez que Jacinto Lárami fue visto con vida y su deceso, continúan siendo un misterio; lo cierto es que en los momentos postreros, JL elaboró una suerte de conclusión. En el paroxismo de su paranoia logró reflexionar sobre las virtudes del fanzine, con base en su magra participación en el mundo de las publicaciones subte, el conocimiento que recabó de él y su (casi nula) labor como auto-editor. 
A modo de testamento, el factotum de Le Chien concibió una serie de dibujos valiéndose de diversos soportes que se encontraban a su alcance -por lo general envoltorios de comidas rápidas y bandejas de delivery e incluso la misma pared- que graficó con materiales de toda índole, desde la clásica birome vic, que suplantó -una vez acabada- por ketchup, hasta heces (que suponemos propias) y esmegma (suponemos lo mismo).

El conjunto, no desprovisto de las desprolijidades propias de la espontánea e intempestiva realización, fue hallado por los restantes editores junto al cadáver del malogrado Jacinto, con  su nuez de adán como pisapapeles de parte de la producción, entre innumerables paquetes vacíos de alfajores de los ricos, capturas impresas del video de Severina Vučković, cucarachas y material gráfico.

Si bien el contenido ya fue subido a internet, parte del Staff improvisó un nuevo Petite póstumo (el tercero), en memoria del finado colaborador, como vesitigo de su irreverente e irrelevante lucha contra las aspiraciones mainstream del mundo del fanzine, pero por sobre todo, como testimonio de su incansable lucha contra sí mismo.