Aclaraciones

N° 4


A MODO DE PRELUDIO....


Los números son insuficientes. Que desde diciembre de 1983 hasta noviembre del pasado año haya habido 3.773 personas inermes asesinadas por el aparato represivo estatal, que sumen 69 los ultimados por luchar y que se desconozca el paradero de 210 personas son datos, números. Y como tales, lo dicho: insuficientes. Insuficientes porque no existe una estadística oficial que contabilice los crímenes que el mismo verdugo perpetra; porque si existiera no sería de fiar; porque es difícil para las organizaciones llevar la titánica tarea de registrar el asesinato cometido por las fuerzas de seguridad hasta en el más recóndito lugar al que se extienda su área de influencia, el más ignoto destacamento. Pero por sobre todo, insuficientes porque jamás aprehenden el primer alarido de dolor, la desesperación de la asfixia, el instante postrero de sufrimiento del torturado cediendo ante el castigo. Ni la desesperación ante el desconocimiento del paradero de un familiar, ni el conocimiento de su terrible final.


Una parte del presente Le Chien pretende enfatizar la represión que no opera necesariamente sobre los militantes, pero es cotidiana para los habitantes de barrios periféricos, para los pibes pobres con "portación de cara" o para los jóvenes con alguna entrada previa en una comisaría; si en la breve sinopsis histórica este punto resulta débil, se debe a que la historiografía no lo ha abordado profusamente, lo que en modo alguno implica que los tormentos hayan sido privativos de los presos sociales. La determinación de tomar estos asuntos está dada precisamente por la invisibilización de la represión de tipo "Preventiva", denominada así por la CORREPI al tipo de represión aplicada por el estado para el control social, que ejerce sobre aquellos que potencialmente pueden convertirse en reclamantes o demandantes y que consiste en hostigamiento, gatillo fácil, detenciones arbitrarias y torturas. Represión que inclusive es apartada de la agenda de determinadas organizaciones de Derechos Humanos (DDHH), reticentes a tratar temas que no atañen directamente a los presos por luchar. Dada la decisión de estos organismos que dicen velar por los derechos del hombre respecto a los derechos de los “delincuente”, no es increíble, entonces, escuchar a la población asintiendo y justificando la sistematización del asesinato y el crimen de los “delincuentes” en manos de las fuerzas de seguridad. La distinción entre el militante y el “pibe chorro”, entre la condición de “preso político” y de “preso común”, existe tanto como la noción de “culpabilidad” de los detenidos. Así, se termina aclarando que tal víctima de tortura o gatillo fácil era “inocente” y legitimando, en parte de la sociedad, una suerte de acuerdo sobre la necesidad de contar con policías capaces de llegar a la vejación y el asesinato, más aún frente a la virulencia de ciertos delitos. Esta última palabra, en contadas oportunidades, es asociada con las fuerzas de seguridad. O nunca todo lo que se debería. Si los casos no trascienden el famoso cerco mediático es en parte por la condición de clase de las víctimas.
En el siguiente e incompleto informe, los asesinatos en cárceles, los casos de gatillo fácil son tocados tangencialmente. El recorte no los incluye, pero no por ser menos importantes, sino por cuestiones de espacio, tiempo e incapacidad narrativa del autor. Ya habrá alguien que se ocupe.


El grueso de la información de estos nunca mejor llamados “episodios de crónica policial” (porque demuestran lo que la policía hace, lo que es) forma parte del descomunal trabajo de María del Carmen Verdú en su libro “Represión en Democracia”. Es un documento tan perturbador como necesario. En muchos casos la información que aparece a continuación está copiada casi textualmente, sea por la claridad de su exposición o por lo difícil de reformular el lenguaje judicial. Como fuera, es un libro cuya lectura jamás se debe dejar de recomendar. 



BREVE INTRODUCCIÓN AL CONTEXTO REPRESIVO: EDICTOS POLICIALES, CÓDIGO CONTRAVENCIONAL, DOBLE A…REPRESIÓN EN DEMOCRACIA.

Durante casi cien años existieron, en la Ciudad de Buenos Aires, los “Edictos Policiales”. Tardíamente avalados por el golpe del ’30 y ratificados por el gobierno de Perón en el ’47, como su nombre lo indica, fueron confeccionados y aplicados por la policía ante el silencio del derecho penal “formal”, que no tuvo a bien pronunciarse frente a determinadas “faltas”, delegando a la criteriosa institución policial el poder de este sistema legal “paralelo”.

El sistema contravencional, que fue paulatinamente sancionado en las diversas provincias a lo largo del pasado siglo, vino a desplazar a los edictos y brindó un marco de legalidad -debido a su origen legislativo y en una aparente oposición a las viejas normativas policiales- a esta herramienta de control social.

Hay, hacia adentro del sistema, ciertas imprecisiones en torno a la definición de lo que es una “contravención”, evidente contradicción del discurso legalista de la democracia y sus propios límites a la hora de represaliar las conductas que no contempla el código penal formal. Así, genera soluciones prácticas para los “limpiavidrios” las prostitutas y la “obstrucciones de tránsito” causa de manifestaciones. Por un lado brinda a la policía el mecanismo para la extorsión a vendedores ambulantes, prostitutas y travestis. Por el otro, permite judicializar a quien protesta en la vía pública.

Es menester transcribir literalmente algunos de los párrafos del libro de María del Carmen Verdú, que exponen de manera diáfana el asunto. Dice la autora que “(…) Si se parte de la definición tradicional de delito como acto típico, antijurídico y culpable, y del axioma de que todo lo que no está prohibido está permitido, es evidente que las conductas no atrapadas en una figura penal, no son delito. Para que una figura sea delito en la Argentina, debe ser definido como tal por el único órgano del estado con facultad para hacerlo (…) el Congreso de la Nación. Y una vez definida, debe ser incorporada como nueva figura al código penal o a leyes nacionales complementarias. Ninguna conducta que no sea delito puede ser castigada con una sanción penal, como la privación de la libertad, pues no hay pena sin delito. Sin embargo todas las normas contravencionales, antes y después de los edictos, incluyen entre sus sanciones el arresto, y aun el arresto preventivo.
Las contravenciones son definidas por algunos por diferencias cualitativas o cuantitativas con el delito (…) En otros casos se las confunden con las faltas administrativas  municipales (…) basta leer cualquier código de faltas para concluir que tipifican como punibles conductas que no son delitos, excluidas del código penal y de las leyes penales especiales. Son figuras descriptas de modo impreciso, tipos abiertos (“el que promoviere desorden…”) que reciben sanciones de arresto, multa o inhabilitación y que son periódicamente adecuadas a las necesidades represivas del sistema”.

Diversas entidades le dan a las contravenciones “carácter penal”, o las denominan como “normas de naturaleza penal”, como el fiscal general adjunto de la Ciudad de Bs. As., lo que -volviendo al libro- “(…) desde un punto de vista sistémico vulnera la Constitución Nacional. Está prohibido que las provincias, y la ciudad de Buenos Aires, con similar estatus  de autonomía, legislen sobre las materias delegada al gobierno federal (…) Establecer que una conducta determinada constituye un delito es una facultad delegada por las provincias al gobierno federal, que dicta el código penal y las leyes penales que rigen uniformemente en todo el territorio argentino.”

Al señalarlas como “situaciones de convivencia y orden social propias de cada comunidad y que hacen al ejercicio del poder de policía local” el mismo fiscal las emparentan más con la cuestiones de naturaleza administrativa (cruzar en rojo un semáforo, estacionar en lugar prohibido, colocar una publicidad sin permiso, etc. ) que acarrean penas como sanciones. Esas normas no definen delitos, sino infracciones y le corresponde un expediente administrativo, no una causa penal.
El poder judicial de la Ciudad de Buenos Aires define al Código Contravencional y su ley de procedimiento como “un nuevo derecho contravencional (que) es una manifestación del derecho penal y le son aplicables todos los principios, derechos y garantías que gobiernan ese ámbito.”
La pregunta de Verdú es, como mínimo, pertinente “Si es una “manifestación del derecho penal”, ¿no es derecho penal? Y si es derecho penal, ¿cuándo se reformó el art. 75 inc. 12 de la Constitución Nacional, según el cual “corresponde al Congreso (…) dictar los códigos Civil, Comercial, Penal, de Minería, y del Trabajo y Seguridad Social”?. (…) Resulta materialmente imposible definir jurídicamente el llamado “derecho contravencional”, salvo recurriendo a fórmulas meramente descriptivas.”

La reforma constitucional de 1994 con el proceso de autonomización de la Ciudad de Bs. As., trajo aparejado el debate en torno a los edictos policiales. Nuevamente se generó la clásica polarización entre “progresistas” y “reaccionarios”, pero quedó claro desde el principio que habría detenidos que no estarían a disposición de los jueces, obra y gracia de las facultades policiales para detener personas, pero a partir de ese momento, con un marco de legalidad del que carecían los edictos. 
Las detenciones por averiguación de antecedentes, conocidas como “Doble A” o “AA” constituyen aproximadamente dos tercios del total de personas cotidianamente detenidas por la policía, gendarmería, prefectura, sin que se les reproche haber cometido delito alguno; es una potestad que se regula únicamente por el “atinado criterio del funcionario policial.” El inquirido debe identificarse y demostrar que no es requerido por la justicia
La práctica demuestra que se suele detener primero y clasificar después. La detención de un individuo, en poder de hecho de la policía, se justificará en el destacamento policial según la propia conveniencia. Por paradójico que suene, mucho de los detenidos portan sus documentos o cédulas, y los patrulleros con sus sistemas de comunicación permiten conectarse de inmediato con la base de datos policial para la confirmación de la existencia de un requerimiento judicial.
El fiscal general Eduardo Casal lo explica así: “la experiencia diaria enseña que los funcionarios policiales sólo identifican a un número reducido de personas que transitan por la vía pública. Esta facultad discrecional es ejercida en forma razonable no sobre cualquier individuo al azar, sino respecto de quienes, por motivos cuya exclusiva evaluación compete a la fuerza de seguridad, incitan a esa identificación.”
Claro que se puede inferir perfectamente qué rasgos justifican una detención, que características alertan a lo entrenados sentidos policiales.

Una de las utilidades práctica constante de la Doble A es facilitar el armado de causas y plantado de pruebas a la hora de servirse de la extorsión para recaudar  para la caja chica policial; la otra es la justificación ex post-facto de la presencia de personas en comisarías. Por lo general, los “descompensados” o “suicidados” en destacamentos suele aparecer registrados en los papeles como detenidos “para identificar”, como se verá a continuación…


"Praxis Criminalis Persequendi" de Jean Millés de Souvigny (1541)


LOS CASOS.

La historieta “Al Servicio de la Impunidad” se basa de tres historias puntuales.

En 2000,  Desiderio M., padre de 11 hijos, fue interceptado en la puerta de su casa de Barracas, debajo de los arcos del puente del ferrocarril, por la brigada de la 30°.
Viejo conocido de esa comisaría, tenía en su prontuario causas de robos tipo escruche de su adolescencia. Desde hacía tiempo se dedicaba a la reventa de mercadería por el interior del país, valiéndose de su camioneta Ford, que había podido comprar con un préstamo. Los tres policías detuvieron la camioneta al verlo y lo subieron, alertándolo que “El sub te quiere en la taquería, te tenemos que llevar sí o sí.”
Una vez allí  los policías fueron claros. Mientras le mostraban una granada española y una escopeta recortada le advirtieron sin miramientos que “A vos las cosas te van bien, pero en esa camioneta tan bonita te puede aparecer esto”. Concluyeron su alocución develando el real sentido de su visita a la seccional aquel martes de abril “Nos traés 2.000 pesos el jueves o te armamos una carátula bien pesada.”
Al salir, Desiderio se contactó de inmediato con los abogados de CORREPI.  Durante el proceso judicial (el primero de los cuales concluyó con la absolución de los policías y el segundo con cuatro de los cinco policías participantes condenados a penas de entre 2 a 4 años de prisión) la legalidad de la detención por “averiguación de antecedentes”, aún al quedar demostrado que los policías conocían a Desiderio M., fue avalada por dos tribunales orales y la Cámara de Casación.
 
En 2002, Jorge “Chaco” González fue detenido y golpeado por dos policías, en la calle, a la vuelta de su casa de Villa Fiorito. Estando tendido en el suelo, con la cara próxima al piso y las manos en la espalda, el Sargento Ramón Quevedo forzó sus brazos levantándolo de las esposas mientras el Sargento Isidro Segundo Concha pateó su cabeza, tórax y abdomen hasta que los vecinos que presenciaban el episodio comenzaron a gritar, pidiendo que cesaran con el castigo. Los policías exigieron a su madre 2.000 pesos para evitar bajarlo al juzgado con una carátula pesada. Las graves lesiones internas produjeron su muerte dos semanas después de que ella pagara la mitad de la suma y que los policías lo liberaran en un “gesto de buena voluntad”, según le dijeron. La investigación penal, archivada en menos de un mes y medio, determinó que se trató de una “muerte por causas naturales” hasta que se probó que el deterioro multiorgánico fue producto de una hemorragia pleural  y la fisura de la vesícula fruto de la demostración hecha a González por los efectivos del servicio de calle de Lomas de Zamora. 

Por último el de Cristian Domínguez Domenichetti, detenido en un Penal de la Provincia de Buenos Aires y acusado de una indisciplina dentro de la cárcel. Esposado a una reja con las manos en alto y desnudo de la cintura para abajo fue golpeado con palos de goma y madera, puños y borceguíes.
La hemorragia causada por el triple estallido del hígado le provocó la muerte. Para la Cámara Criminal de Mar del Plata, que condenó a dos policías a 11 y 13 años por aplicación de tormento, no sólo no hubo tortura, sino que no consideró probado el resultado de la muerte como consecuencia de los golpes, debido a que no se pudo determinar cuál de las tres roturas del hígado fue la fatal ni quién fue el autor del golpe en particular.

“La 1° de Morón” y “Autopsia” están basadas en el terrible caso de Sergio Durán, que fue detenido por “averiguación de antecedentes” el 6 de agosto de 1992, según un expediente confeccionado después de su muerte en la comisaría 1° de Morón y luego corregido por una “tentativa de robo”. El joven, verdulero de 17 años, de padre cartonero, registraba antecedentes en un juzgado de menores por tres delitos contra la propiedad. El oficial de servicio contactó a su madre para comunicarle la situación de su hijo, acusado de un supuesto robo, y de la posibilidad de evitar la intervención judicial por 600 dólares, suma con la que ella no contaba. Nuevamente, al amparo de la Doble A se sucedía una tentativa de extorsión.
La mujer se enteró al volver la mañana siguiente al destacamento policial, de la descompensación de su hijo, su traslado y ulterior deceso en el hospital. En la funeraria quiso verlo por última vez y al abrir el cajón supo de inmediato parte de lo sucedido. Jamás podría imaginarlo todo.
En el expediente figuraba una autopsia, que atribuía la muerte a “una intoxicación por sustancias que hubiere ingerido”, sin especificación ni análisis químico. Según el médico forense, las lesiones traumáticas presentes en el cuerpo eran previas a la detención y las lesiones puntiformes en el escroto eran “señales de rascado”, señalando la posible presencia de ladillas o un cuadro de HIV.
El análisis químico posterior comprobó la ausencia de alcohol, drogas o infecciones y una nueva autopsia concluyó que las heridas visibles -como un diente roto, un corte en la lengua, hematomas en la cara y uno muy grande en los testículos- habían sido provocadas en un lapso no mayor al de las ocho horas previas a la muerte, coincidente con el momento de su estadía en la comisaría. Las hemorragias alveolares, petequias y  las manchas de Tardieu eran la prueba del sometimiento a la dificultación mecánica de la respiración, llamada también “submarino seco”.  Las pericias en la piel del escroto demostraron ser lesiones electroespecíficas, marca inconfundible del pasaje de corriente con picana en los testículos y el esclarecimiento de la inflamación del tejido conectivo que los rodea la aportó una periodista; un informante (policía) se comunicó con ella y le comento que “al pibe de la 1° de Morón le dieron máquina, bolsita y le tiraron la goma, se les fue la mano y se les quedó”. Un perito que colabora con los abogados de CORREPI explicó “que la inflamación inespecífica del tejido conectivo podía ser bien el resultado de maniobras sádicas de masturbación violenta, que además de constituir tortura en sí misma, intensifica el dolor causado por la picana.”
En palabras de María del Carmen Verdú “Sergio Durán había sido sometido a lo largo de no menos de ocho horas, a una serie de tormentos que le causaron tal intensidad de dolor, que la muerte se produjo por el agotamiento de sus recursos biológicos de defensa”. 
Este fue el primer caso comprobado desde el retorno de la democracia, del uso de picana en una comisaría.


Rostros de dos de los torturadores y asesinos de Durán, base de los personajes de la historieta.

“Seminario PFA y DDHH” se basa en las charlas, cursos y conferencias brindados a las diferentes fuerzas. Por caso, diciembre de 2003 tuvo un “Curso de Capacitación en Derechos Humanos” para Jefes de Servicio de Calle y personal del Comando de Patrullas que redundó en 4 casos de gatillo fácil los meses siguientes. En diciembre de 2004 fue Pérez Esquivel  quien precedió una charla a cadetes de la policía; el mismo que, el año anterior, interpeló a la policía de Rosario que acumula la mayor cantidad de casos de Gatillo Fácil y torturas. También en Rosario la Guardia Urbana se capacitó en DDHH. Como era de suponer nada de esto impidió que las fuerzas dejaran de lado sus habituales prácticas. Aclaración: la situación presentada en la historieta es lo único que el autor cree que la policía podría sacarle de provechoso a un curso de esta índole.

Los tres episodios mencionados en el epílogo también son reales.

En el 2007 Rubén Mola, de 18 años, fue sacado de su casa, cacheado, esposado con las manos en la espalda, golpeado en la vereda delante de los vecinos y suicidado en el patrullero con dos tiros en la nuca.
La versión oficial sostenía que Mola sacó un arma de su ropa interior, intentó dispara contra el policía que iba adelante para posteriormente suicidarse. Héctor León, policía dueño del arma, fue sobreseído por la justicia de Córdoba.

Marcelo Soukop, juez de Lomas de Zamora, absolvió al acusado de matar a Félix Ramón Morinigo. Detenido por ebriedad, Morinigo –esposado a una silla- insultó a dos policías de la comisaría 5° y uno de ellos, de nombre Moya, descargó varios golpes en su cabeza provocándole múltiples fracturas de cráneo y, posteriormente, la muerte. Según el magistrado, la agresividad de sus injurias “lo puso en situación de ser golpeado” y sobreseyó al asesino porque “había actuado en ejercicio de su cargo”. Años después volvió a llevarse el caso a juicio y Moya fue condenado a la pena mínima para el delito de homicidio simple (8 años), pero como se encontraba suelto, se dio a la fuga.

Las hermanas de 13 y 16 años obligadas a prostituirse forma parte de una red de trata aún más grande. Según declaró una de las hermanas “nos llevaban a estaciones, dependencias públicas y pensiones donde vivían algunos acusados. Dibujé esos lugares en croquis por pedido de los investigadores. Nos gritaban y amenazaban que si le contábamos a alguien nos iban a meter en un auto y nos iban a tirar muertas por ahí”. Les pagaban entre 15 y 40 pesos a cambio de sexo. “A veces teníamos sexo con muchos. Llegué a contar más de 12. También nos golpeaban.”
Se comprobó  que había otras jóvenes en la misma situación y que los proxenetas iban “pasándose el contacto” de las chicas entre los diferentes cuerpos policiales.


ALGUNAS CONDENAS EJEMPLARES.


El policía bonaerense Rodolfo Guidobono, asesino de un niño de 14 años en Bahía Blanca fue procesado por homicidio calificado en 2008; gracias al argumento de la defensa y a un gesto “humanitario” de la jueza, cumple  (o cumplía hasta 2009) arresto domiciliario. Esto debido a que su mujer se vio obligada a trabajar como consecuencia de los embargos al sueldo del policía, lo que le impedía cuidar de sus hijos, tarea a la que desde ese momento, él se abocó denodadamente.

El 29 de diciembre de 2000, ante el descuido de su dueño, dos jóvenes abordaron un remise para robarlo; el conductor, sargento 1° de gendarmería y su acompañante un policía bonaerense desenfundaron sus armas. Al remisero se le trabó, pero Ramirez, tal el apellido del policía, a la carrera, vació su cargador. Miguel Ángel Herrera, trabajador de 45 años, salía con su hija de 12 años y una amiga con destino a un cumpleaños y fue el blanco en que impactó una bala de la 9 mm. Le perforó el cráneo debajo de la oreja y llegó muerto al hospital. Muchos testigos acreditaron que no eran pocas las personas que estaban en esa vereda de Banfield al comenzar la balacera. La pericia demostró que sólo el policía disparó. El auto apareció abandonado a las pocas cuadras. El juez de garantías sobreseyó al acusado por considerar que actuó en legitimo cumplimiento de su deber, y que la muerte de Herrera fue “fruto de la fatalidad” (sic).

José Luis Díaz, cumplió en su domicilio la prisión preventiva y tras ser condenado a 3 años por el “accidente” que provocó la muerte de Cristian Bogado (reducido, esposado boca abajo en el piso y fusilado con un tiro en la cabeza con un arma Astra 9 con sistema de seguro) se le dio por purgada la pena con el tiempo pasado en su casa.

A la cabo Jorgelina Oviedo, condenada por tortura seguida de muerte, se la benefició con arresto domiciliario, debido a su problema de espalda.

El caso de Sergio Durán merece un capítulo aparte, como ejemplo cabal del funcionamiento de la justicia. De los cinco policías que le dieron muerte a causa de las torturas (subinspector Fernández, subcomisario Rojido, los cabos Nicolosi y Gastelú, el oficial subinspector Farese) los últimos cuatro de la lista desaparecieron tras ser acusados. De Farese, denunciado por su esposa por exigirle dinero mientras apuntaba con un arma al hijo de ambos, no se supo más nada por un tiempo; Nicolosi fue visto cerca de la fiscalía interviniente, cuando visitó a su padre, empleado de los tribunales de Morón. Rojido, casado con una subcomisaria y cuyo suegro es un conocido comisario retirado, asistió a una recepción de fin de año en la jefatura de policía de La Plata y compartió la velada con el gobernador de ése momento.
En el ’96, un anónimo informó a CORREPI que tanto Rojido como Gastelú vivían sin ningún inconveniente en sus respectivos domicilios, e inclusive que uniformados iban a visitarlos. Rojido había inscripto a su último hijo, y Gastelú llevaba a los suyos a la escuela y asistía a su trabajo en la municipalidad de Moreno (que cuenta con custodia policial) mientras pendía sobre ellos un pedido de captura nacional y de Interpol. En el ‘97 apareció Farese, prófugo que hasta ese momento percibió personalmente -exhibiendo documento y estampando su firma- sus haberes mensuales de policía. También fue Farese el que salió, en menos de un año, caminando vestido de policía de la comisaría de Castelar en donde estaba alojado. Esa fue la última vez que se lo vio.
Al mes fue detenido el cuarto prófugo, Nicolosi.
Demorada la fecha para el nuevo juicio tanto Rojido como Gastelú pidieron la excarcelación y la Sala Tercera de la Cámara Criminal de Morón se la concedió bajo caución juratoria, es decir bajo la promesa de los imputados de no fugarse.
En 2003, comenzó el segundo juicio oral contra Nicolosi, Rojido y Gastelú, pero sólo el que estaba detenido pudo ser condenado a cadena perpetua por tortura seguida de muerte. Los otros jamás se presentaron.
Meses después los vecinos del barrio de Trujuy de Moreno se contactaron con CORREPI para informar que Gastelú vivía allí, en uno de los dos domicilios que figuran en su legajo policial y en el expediente judicial. Se montó un operativo, pero una llamada advirtió al cabo que salió de su trabajo y no volvió a su casa en donde lo esperaba la flamante “brigada antiprófugo”.
En nochebuena de 2004 fue recapturado en la casa de su hermano y en abril de 2005 condenado a cadena perpetua por el delito de “tortura seguida de muerte”.
Aún permanecían dos prófugos, cuando trascendió que uno de los tres condenados, Fernández, había sido excarcelado en 2003 (cumpliendo menos de 10 años de condena efectiva de su prisión perpetua) y trabajaba en una agencia de seguridad gestionando los permisos de portación de armas.



ANTECEDENTES: DESAPARICIONES Y TORTURAS EJECUTADA POR GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS Y DE FACTO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO PASADO.

  
“(…) Tres, cuatro y cinco veces por día se les pasaba a una oficina especial donde se les colocaba sólidamente amarrados a una silla y una vez allí, y en esas condiciones, se les castigaba continuamente y sin miramientos: en la cabeza, en el estómago, en los pulmones, (sobre el lóbulo superior con el cabo de los revólveres y pistolas), y luego, un golpeteo continuo y recio sobre el corazón. Todo esto era insoportable, pero luego hicieron recrudecer el castigo, llegando a retorcer los testículos y a poner los dedos en la prensa.
(…) se ensañaron con él (el obrero José Monghelli) de un modo extraordinario (…) Fueron tantos y tan refinados los castigos que se le inflingieron, que quedó seriamente trastornado (…) le pusieron camisa de fuerza, teniéndolo 6 días tirado sobre el piso del calabozo (…) Se le hacía beber orines, se le subían encima y lo pisoteaban; se le hizo un simulacro de fusilamiento y otras herejías más.”

 Testimonio de Humberto Correale, detenido a mediados de agosto de 1931, en una razzia policial en el marco del fraguado Proceso de Bragado.


“(…) me juntaron los brazos uno contra otro, atándolos con la misma correa hasta que crujieron los huesos y me golpearon en el pecho a la altura del corazón. Esta operación se repitió tres veces, hasta perder el conocimiento en dos oportunidades (…) Se me arrancó el cabello y se me dio plantones de 9, 38 y 30 horas, y otro desde el día 3 a las 22 hasta el día 9 a la 1, con un centinela de vista (…) Cuando estaba acalambrado, me sacaban a darme unos masajes y después, esposado, me escupían todo el cuerpo, echándome alcohol puro en los órganos genitales.”

Testimonio de Pascual Vuotto, preso de Bragado.


Tira de Lanteri aparecida en la revista “El Hogar” el 11 de noviembre de 1927, satirizando la conocida metodología de los “Hábiles interrogatorios”. La página hace referencia al asalto perpetrado por Roscigna, Vázquez Paredes y los hermanos Moretti y pone en evidencia el sistema de torturas en comisarías.


Los episodios a los que aluden los párrafos precedentes se dieron en el contexto de la dictadura de Uriburu; pero no hay indicios que nos hagan pensar que la policía de Bragado haya aprendido sus métodos de tortura a partir del 6 de Septiembre del ’30, ni que esa fecha marque el inicio de su aplicación y menos aún el final; tampoco que hayan sido exclusivos de la fuerza de ese lugar. Y esto quedará comprobado a continuación.
Consultando la bibliografía que obra en poder  del Staff se pueden mencionar algunos casos significativos, pero sólo unos pocos de los que realmente deben haber sucedido hasta el final del peronismo:

. Es menester comenzar el resumen con los episodios represivos de la Semana Trágica, en que se registró una lista parcial de 55 desaparecidos. La pena de muerte se aplicó según el criterio del general Dellepiane (el mismo que da nombre a la autopista): expresado en un despacho telegráfico “(…) que en los sucesos en que actuara (las fuerzas armadas) no se desperdiciaran municiones con tiros al aire.”

.En 1921 en Jacinto Arauz, a los presos políticos tras una huelga, además de las habituales palizas, se los levantó de los pelos mientras se les orinaba la cara, y se les cruzó las muñecas por atrás, ligadas con alambres de púa en repetidas oportunidades.

.Esa década también hizo famosos al sargento Varóla y a los hermanos Miño, acusados de aplicar tormentos a los obreros de La Forestal.

.Más conocida son las masacres en la Patagonia, que no estuvieron privadas de vejámenes: estaqueados, apaleados, lonjeados.

.El de los presos de Viedma, durante el gobierno de Alvear, fue otro caso de confesiones arrancadas mediante torturas, en el que consta el uso de estacas.

.La historia de vida de Emilio Uriondo testimonia largos plantones e interrogatorios de silla con los torniquetes que aproximaban los pies a las manos por la espalda.

.Domingo Varone incluye, en su biografía, descripciones de los tratos vejatorios dentro de la cárcel de Ushuaia al inicio de la dictadura de Uriburu.

.A ese presidente de facto se debe la creación de la “Sección Especial de Represión al Comunismo”, la incorporación de la picana eléctrica, y el nombramiento del mayor Rosasco como “Interventor Policial de Avellaneda”, cargo desde el que aplicó la pena de muerte, torturas y deportaciones, hasta que Juan Antonio Morán lo ultimó en 1931, para -un año después, al salir del penal- ser secuestrado y aparecer con señales de tortura y un tiro en la nuca, dos días después.

.Uno de los primeros hechos registrado de Rosasco fue la aplicación -in situ- de la pena de muerte a dos “delincuentes comunes”, luego de esposarlos a un banco de plaza.

.A aquellos años se refiere el testimonio del teniente primero Adolfo López, encargado de la guardia de la Penitenciaría de la calle Las Heras: allí conoció aparatos para retorcer testículos, prensas para dedos, cinturones de cuero para presionar cuerpos y que los agentes de investigaciones a las órdenes del comisario Vaccaro se jactaban de los tormentos y explicaban a los conscriptos cómo se aplicaban.

.El ascendente Comisario Fernández Bazán fue otro de los protagonistas de esa época. A él se debe el nombre de la “Ley Bazán” es decir el asesinato de militantes sociales una vez detenidos. Ése fue el destino de Roscigna, Vázquez Paredes y Malvicini, que según le explicó un policía a la hermana del primero “les aplicaron la Ley Bazán, los fondearon en el Río de la Plata”. Bazán fue ascendido en 1947 a sub-jefe de policía.

.Los Comisario Santiago, Buzzo (que al parecer ya fusilaba para luego plantar armas simulando enfrentamientos), Velar en Rosario y Habiage en Avellaneda fueron otros bastiones de la represión institucional de la década infame.

.En Villa Devoto a las condiciones de hacinamiento se le sumaban los tormentos diarios. Al obrero Molari le arrancaron con tenazas los pelos del cuerpo; al anarquista Rafael Nevado, atado a una silla, le quemaron los pies mientras con una cuerda le ceñían la garganta ahorcándolo.

.También el estudiante platense de ingeniería Néstor Jaúregui describió elementos y metodología aplicada no solamente sobre él, una vez que Leopoldo Lugones (H) dijera a sus subalternos “procedan como siempre”.
Entres ellos se cuentan la tenaza sacalengua ("tenazas de madera, con la que se tiraba de la lengua a los detenidos y que sirvió para martirizar los senos de dos distinguidas señoritas"); el tacho ("bruscamente se elevaba al atormentado, haciéndolo caer, completamente atado y de bruces, en un tacho inmundo, repleto de agua y de las asquerosas bazofias [...] y después de un nuevo interrogatorio y de otros golpes de puño, de cachiporras o de puntapiés, se le sumergía por segunda o tercera vez en ese dantesco recipiente"); el serrucho ("consistía en serrucharle el cuerpo desnudo, mediante una fuerte soga de cáñamo"); el triángulo ("consistió en tener en un estrecho y húmedo calabozo, completamente desnudo, al detenido, mientras se anegaba cada cuatro o cinco horas el calabozo a fuerza de baldes de agua"); las agujas caldeadas al rojo ("se utilizó contra el obrero Bacaioca [...] se le traspasaron con agujas al rojo las partes genitales");  el papel de lija y aguarrás ("se les raspaba el pecho con papel de lija y se les rociaba con alcohol y aguarrás").

Captura del documental "Ácratas" en que se representa la tortura conocida como "El Tacho".


.Carlos M. Echagüe apunta torturas a los detenidos durante la Huelga General de Enero de 1936, como consta en su libro sobre las grandes huelgas.

. En 1948 Cipriano Reyes (principal dirigente del Partido Laborista) junto a otros miembros de la misma agrupación, fueron sometidos a torturas, acusados de conspirar contra el Estado. Ya para ese entonces regía la flamante Ley de Desacato (Ley 13.569) que determina el procesamiento de los opositores que expresen críticas al gobierno o a sus funcionarios.

. Walter Beveraggi Allende, detenido un año después, explicó la metodología de su detención y ulterior interrogatorio, junto a otros presos políticos. Subidos por la noche a una camioneta con cortinas fueron conducidos –sin saberlo- a la “Sección Especial de la PFA” en donde eran encapuchados por obvias razones. Allí se les aplicaba alambre electrizado en el cuerpo, mientras un altoparlante sonaba de fondo, para tapar los gritos.

. Otro episodio registrado por el Profesor Ricardo Rodríguez Molas acaeció en abril de 1949, cuando “detienen en Buenos Aires y torturan a obreras y obreros telefónicos que se oponen a la unificación totalitaria del gremio (…) No menos de veinte trabajadores son sometidos a tormentos y violencias por el comisario Lombilla y su ayudante Amoresano de la Sección Especial de Investigaciones, entonces instalada en la calle Urquiza 556 de la Capital Federal, centro de torturas y de espionaje. El primero había iniciado su carrera como agente de policía bajo las órdenes de Leopoldo Lugones (H), a comienzos de la década de 1930”. Nieves Boschi de Blanco, una de las detenidas, aseguró que se empleó sobre ella picana eléctrica y trapos húmedos para conducir mejor la electricidad.

.Salteándonos unos años, en 1952 Teodoro Suárez fue identificado como el autor de un manifiesto de la FORA contra descuentos ordenados por la CGT, y sometido por el oficial Méndez a una sesión de garrotazos que le provocó la rotura de tres costillas, para luego ser colgado de un gancho por las esposas junto a 6 obreros anarquistas más. 

.Más repercusión tuvieron los casos de torturas de militantes comunistas durante el peronismo, de los que se hizo eco la publicación “Nuestra Palabra” como el caso de Ernesto Mario Bravo, desaparecido durante un tiempo al ser detenido por la policía en 1951 para luego ser atendido por un médico que denunció la aplicación de tormentos y Juan Ingalinella, dirigente del PCA torturado, asesinado y desaparecido. Suerte similar tuvo el obrero gastronómico Carlos Antonio Aguirre, que luego de estar desaparecido como consecuencia de su apoyo a la huelga azucarera en Tucumán, fue encontrado sepultado en un zanjón en la provincia de Santiago del Estero.

. Por supuesto no fueron los últimos ejemplos, pero excede el propósito de este resumen, que pretendía únicamente pasar revista a períodos que no suelen ser asociados a la tortura y desaparición.




LA JUSTICIA Y LA TORTURA EN LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS DE DEMOCRACIA.

El 20 de Junio de 1934, el DR. Francisco M. Macaya, prestó declaración en el proceso de Bragado:

“(…) El testimonio del propio médico de policía, en relación a torturas y tormentos, es terminante. (…) Corresponde agregar que al preguntársele al doctor Macaya por qué no había denunciado oportunamente estos hechos, contestó: 
Que ellos eran tan corrientes, que constituían un sistema, y por lo tanto creía que no fuera su deber denunciarlos”.

Tomado de “Los Presos de Bragado, una Injusticia Argentina” de Fernando Quesada.

No hace falta aclarar que en la actualidad la aplicación de tormentos no es sólo un triste recuerdo, que como ha quedado demostrado tiene larga tradición en el país; aún más, puede afirmarse que es continuo presente desde el triunfo de Alfonsín.
Pese a la comprobación de hechos de tormentos, la justicia se niega sistemáticamente a calificar a la tortura con el nombre que le corresponde. Y hay varias razones. En el campo jurídico la diferencia entre tortura y otras figuras menores alternativas (apremios, severidades, vejaciones, etc.) implica la morigeración de la pena.
La tortura está penada con la misma escala que el homicidio simple (de 8 a 25 años de prisión) y con prisión perpetua cuando el resultado de la aplicación provoca la muerte del torturado. Los tipos penales atenuados como los apremios ilegales, las severidades y vejaciones, tienen penas máximas de 5 años y habilitan la inmediata excarcelación del imputado y una eventual condena de ejecución condicional.
Según estadísticas incluidas en el libro, el 95% de casos de torturas terminan siendo juzgados con las figuras alternativas.

La inclusión del delito de “Tortura” en el código penal viene únicamente a cumplir con organismos internacionales, puesto que para la justicia argentina no sucede. Muchos de los casos en que la justicia admite la aplicación de tormentos quedan archivados y otros (como dos de los mencionados) terminan con la excarcelación de los condenados.

En el caso de “Chaco” González, las abogadas intervinientes (pertenecientes a CORREPI) acusaron a los sargentos del cargo de “tortura seguida de muerte” aunque finalmente el fiscal y el juez de garantías elevaron la causa a juicio por homicidio preterintencional en concurso con vejaciones (homicidio más allá de la intención). Los jueces se armaron de tiempo y argumentos para desestimar la acusación por torturas. Para ellos, la intensidad, que -recordemos- había provocado la muerte de González, no había sido la requerida para tal imputación. Además, según su criterio, la tortura exigía para constituirse como tal, de la clandestinidad. La Doctora López Moyano sostuvo que para que se dé es necesario “una víctima sustraída que el torturador mantiene en encierro y distante de la incómoda mirada de terceros.”
Los magistrados tuvieron tiempo, también, para reprender a los policías por su conducta y las consecuencias realmente relevantes: “el enorme descrédito que sucesos de estas características traen aparejada a la institución policial.”

Paradigmático es el pronunciamiento del Dr. Righi en 2007 en el caso del policía René Jesús Derecho, que en 1988 torturó a un Bueno Alves en una comisaría. En esos casi 20 años la causa se estancó y la defensa del policía -que se había convertido, ascensos mediante, en integrante de la cúpula de la PFA (y ejecutor de la represión del 19 y 20 de diciembre del 2001)- pidió la prescripción de la acción penal. La Corte Suprema cerró la causa, coincidiendo con la exposición argumentativa del procurador Righi. Según sus propias palabras “(…) Aún cuando el hecho de la tortura particular se encontrara demostrado, es evidente que en la República Argentina, durante 1988 no existía un estado o una organización dependiente del estado que evidenciara la característica básica de haberse convertido en una máquina perversa de persecución sistemática y organizadamente de un grupo de ciudadanos, desviándose en su fin principal de promover el bien común y la convivencia pacífica.”  Por tanto, la tortura en democracia no es para el ahora ex-procurador, un crimen de lesa humanidad, y puede prescribir.

Pese a los reiterados casos de torturas, la Corte Suprema no contenta con abonar a la tesis de Righi, dedicó extensas parrafadas a desvincular al estado de la responsabilidad de sus crímenes, en un fallo celebrado tanto por diarios “opositores” como por matutinos “oficialistas”.  Para sus integrantes “La conducta presumiblemente cometida contra Bueno Alves no reviste la característica de constituir un ataque  que forme parte de un conjunto de actos y, sobre todo, de una política estatal. El querellante sostiene que la conducta investigada forma parte de una práctica global de la Policía Federal (…) De cualquier manera, aún cuando se tuviera comprobada la existencia de una práctica semejante, difícilmente se tratara de una política del Estado Argentino, ni de un grupo no gubernamental que ejerce un dominio cuasi estatal (es decir, cumpliendo los roles de un estado pero no siendo reconocido internacionalmente como tal) en un territorio. De haberse comprobado su existencia, ciertamente, se trataría de un caso de corrupción de miembros de la institución policial, pero la responsabilidad de estos hechos no podría ser trasladada sin más al estado como si se tratara de su política. En efecto, el Estado Argentino no persigue, desde la instalación de la democracia en 1983, ni directamente ni por medio de una tolerancia omisiva, ningún plan específico fundado en razones espurias que dan lugar a los crímenes de lesa-humanidad.
(…) Por otra parte, es evidente que la fuerza policial no es el Estado mismo (…) Por lo tanto, aún cuando se entendiera que existe una práctica policial extendida de perjudicar a ciudadanos, no existe ninguna razón para interpretar este fenómeno como la ejecución por omisión de una política específica del estado contra algún grupo definible por características comunes.”

Por tanto no existe razón alguna para creer que lo que sucedió en julio de 2013 constituye una política de Estado; cuando el Tribunal Oral en lo Criminal 4 de La Matanza absolvió por segunda vez a los cuatro policías de la comisaría 2ª de La Matanza responsables por la muerte de Gastón Duffau en 2008, hijo de un colega suyo, motivo que dio al caso cierta visibilidad. Tras un incidente en un local de comidas rápidas el hombre de 33 años fue subido a una camioneta para luego de estar a merced de la policía, ser llevado a un hospital donde falleció. La pericia demostró 91 excoriaciones infligidas por un objeto semejante a un bastón, 5 costillas rotas, la 2ª vértebra cervical fracturada y señales de asfixia.  Desde ya, para la justicia, no hubo tortura, tampoco culpables y menos aún una política de estado.



PALABRAS FINALES.


Al brindar las herramientas necesarias a los represores democráticos, al  asegurarles un marco de impunidad luego de cometido sus crímenes, desestimando las denuncias por tortura, excarcelando a los detenidos y reintegrándolos a las fuerzas, todo de manera sistemática, el estado habla, por más que la Corte Suprema como parte de él, se expida intentando mantenerlo indemne, inmaculado.
El estado es responsable por cada bala que sale de una reglamentaria, por cada sesión de “bolsitas”, por cada detenido que se “queda” en un interrogatorio, por cada represión tercerizada que permite y alienta, por cada asesinato en una cárcel o manifestación; por más que promueva campañas en contra de la violencia institucional, que siente en el banquillo a algunos genocidas de ayer para generar consenso, mientras palmea a los asesinos de hoy y niega los crímenes contra la humanidad que se cometen en los destacamentos de sus fuerzas represivas a diario.
No es casualidad sancionar la impunidad de hoy, los azules, los verdes, todos ellos sirven a sus intereses, garantizan sus privilegios.

Resta preguntarse sobre las implicancias reales y consecuencias tangibles de la Doble A y las vidas que hubieran podido (y pueden) salvarse de haber sido (y de ser) derogada.

También, si no hay en el epílogo de la edición impresa de Le Chien, una sentencia que puede ser tildad de optimista: ver la tortura como consecuencia de instituciones determinadas y no como algo inherente a la especie. Ejemplos de tortura sobran en la historia de la humanidad. Desde el “Toro de Faralis”, pasando por la “Pera” de la Santa Inquisición de la Iglesia Católica, las Kapas de Turkistán, hasta el menos lejano suplicio chino de  “Muerte por los Mil Cortes”, los tormentos están presentes en dibujos del antiguo Egipto. Lo cual no pretende justificar ni naturalizar uno de los peores crímenes que pueden cometerse.


Kapas de Turkistán, cruel método descrito por el genial Brian Bolland en su Mr. Mamoulian.

Para finalizar, huelga decir que la cara menos vista del gobierno de los derechos humanos no sólo la constituyen, el Proyecto X, la Ley Antiterrorista, los casos de asesinatos por gatillo fácil, las torturas y todo lo que se viene tratando estos párrafos.
Es también lo que reflejan las palabras de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el pasado 1º de marzo, esto es el aumento desde 2003, del el presupuesto interanual destinado a “seguridad” en un 681%, lo que significó pasar de 2.900 millones a 23.133 millones de esa fecha hasta 2012.
El boletín de CORREPI de diciembre informó que “CFK ilustró que la gendarmería nacional recibió un aumento del 953%, y la cantidad de efectivos subió un 65%, llegando a un total de 12.700 gendarmes. La prefectura naval recibe hoy un 841% más que al inicio del gobierno kirchnerista, con un 25% más de efectivos, que ya son 4.109.
La menos agraciada fue la policía federal, que aumentó sus ingresos en un 584%, y tuvo un 18% de aumento de personal, lo que redundó en un total de 6.800 efectivos. En síntesis, las fuerzas represivas dependientes del Poder Ejecutivo Nacional pasaron, ente 2003 y 2012, de75.000 a 100.248. A ello debe agregarse el equipamiento bélico adquirido, con vehículos livianos y pesados, motos, helicópteros, aeronaves, escáneres, cámaras y equipos de rayos X”.
Recordemos que en diciembre del año pasado el gobierno nacional incorporó los blindados Maverick, con capacidad para 12 policías e ideados, según el grupo que los fabrica “para las Fuerzas Policiales y organismos encargados del cumplimiento de la Ley, con el fin de controlar disturbios, el orden público y operaciones especializadas”. El grupo Paraumont fue, justamente, el responsable del armamento utilizado en Sudáfrica para asesinar a los 33 mineros huelguistas en 2012.

Mientras tanto, con más policías en las calles,  hace un mes Miguel Ángel Durrels de 29 años, apareció muerto en la Comisaría 1ª de Pilar, a donde lo habían llevado detenido por tenencia de marihuana la noche anterior. Dicen los policías que se ahorcó con los cables eléctricos de la celda, que se hallaba clausurada por su mal estado. El padre señaló que el cuerpo de su hijo presentaba un golpe en el rostro, mientras que el abogado de la familia, agregó que también tenía lastimaduras y cortes en las muñecas.

Mientras tanto, con más policías en las calles el 22 de septiembre, en el barrio Autonomía de Santiago del Estero, Ramón Domingo Vázquez fue hallado muerto en el Hospital Regional por su familia. Había sido retirado de su domicilio por la policía provincial alrededor de las 8:30 de la mañana. Detenido en la comisaría, acusado de un robo, fue sometido a tormentos. Cuando el preso no pudo más, dos policías lo llevaron al hospital y lo dejaron como NN. Vásquez no fue detenido por orden judicial;  no se informó su arresto; no fue anotado en los libros de la comisaría; fue sometido a submarino seco (“bolsita”) y aspiró sus propios vómitos, y fue brutalmente apaleado, todo lo cual le provocó la muerte.

Mientras tanto, con más policías en las calles, en las barrios hay gente que se planta, que no tiene miedo ante las amenazas, ante los testigos que aparecen muertos, que denuncia, que pone el cuerpo contra la represión aún a riesgo de su propia integridad. Eso también hay que rescatarlo.





BIBLIOGRAFÍA:

Represión en Democracia. De la “primavera alfonsinista” al “gobierno de los DDHH”. María del Carmen Verdú. Bs. As.  Herramienta Ediciones. 2009.


Historia de la Tortura y el Orden Represivo en la Argentina. Ricardo Rodríguez Molas. Eudeba. 1985.

Las Grandes Huelgas. Carlos M. Echagüe. Colección La Historia Popular. CEAL. 1971.

Los Anarquistas Expropiadores. Osvaldo Bayer. Revista Todo es Historia N° 33/34 Enero- Febrero de 1970.

Los Presos de Bragado, una Injusticia Argentina. Fernando Quesada. Revista Todo es Historia N° 63 Julio de 1972

1921: La Masacre de Jacinto Arauz. Osvaldo Bayer. Revista Todo es Historia N° 45. Enero de 1971.

La Memoria Obrera, Testimonios. Domingo Varone. Bs. As. Editorial Cartago. 1989

Entre la Libertad y el Miedo. Germán Arciniegas. Santiago de Chile, Editorial del Pacífico. 1955

Los Torturados, La obra criminal de Leopoldo Lugones (hijo). Relato de las Víctimas. AAVV. Editorial Estampa, sin fecha (circa 1932)

Fascículo 20 de la Historia Visual de la Argentina. Clarín.

Film Documental Ácratas.


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N°1

PANFLETORIETA
 En la Panfletorieta he apelado a un recurso poco original: tomar diferentes personajes de obras —para mí— significativas y emparentarlos con diversos modos de entender el arte, la realidad social y el vínculo existente entre arte y política. Para quienes identifiquen ciertos rasgos paródicos, agregaré que no fue la intención inicial; que la intención inicial fue dar cuenta de ciertas concepciones que al día de hoy pueden ser vistas como anquilosadas, pero que fueron el motor creativo de toda una época y el epicentro de debates estético/ políticos. El viejo debate sobre una posible "función" del arte.

 De todos modos, la finalidad última era realizar una historieta que fuera también un panfleto, inspirado por el "Class War Comix" de Clifford Harper (siendo un nombre tentativo "Art & Class War Comix", lo que acentuaba el carácter sarcástico). Nada muy pretencioso, en verdad, porque no aspiraba en modo alguno a la calidad plástica del artista inglés, siendo -además- la prosa del pafleto ajena al refinamiento.

 Volviendo a estas seis páginas, las personalidades están bien definidas, rozando la obviedad. No ha de ser sorpresiva —en un panfleto— tal licencia. Lo que intentaré, a continuación, es esbozar una justificación de la elección de los protagonistas con las posturas por ellos defendidas.

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 El Ukiyo —nombre con el que se conoce a las Estampas Japonesas— tuvieron su auge entre los siglo XVII y XX.  Sin extendernos en el significado de “Ukiyo” ni en el procedimiento mediante el cual se obtenía cada copia sólo diremos lo indispensable:

 Estos grabados en madera se comercializaban mayoritariamente en Edo (ciudad que actualmente se conoce como Tokyo).

 No eran concebidos como piezas artísticas, fenómeno posterior que coincidió con el “descubrimiento” de estas obras por parte de los europeos, sino como productos de consumo relativamente masivo. Al permitir el grabado gran cantidad de copias, apuntaban a un público popular, cuyo acceso a la pintura estaba restringido por razones económicas.
 Existían diferentes géneros (paisajes, samuráis, actores de teatro) el que nos ocupa es el “Shunga”, es decir, las estampas en que se representan actos sexuales.
 Vale aclarar que en Edo los grabados con temas sexuales eran bastante populares en su época (eran realizados también por los grandes maestros). Y es que era habitual para los ascendentes comerciantes, la llamada burguesía urbana, (los mayores consumidores de las estampas) ser clientes de las casas de prostitución.


Estampa Sunga, probablemente de Utamaro.

 La prostitución era de por sí aceptada, más allá de la prohibición que en algunos momento hubo para con las estampas “Shunga”; en Edo los burdeles se ubicaban en el distrito de Yoshiwara (o Ioshiwara) y las prostitutas tenían licencia para ejercer.
Yoshiwara  era el lugar al que acudían mujeres jóvenes de bajo nivel social en busca de alguna forma de subsistencia; existía la creencia que una mujer de bajos recursos podía conseguir un “pretendiente” adinerado logrando una vida relativamente acomodada. Siendo que los comerciantes no pagaban impuestos —porque para el confucionismo era un oficio poco honrado— y el campesinado era el único estamento que paga aranceles llevando la principal carga del estado, se veían capacitados para acumular patrimonio, hecho que se reflejaba en su estilo de vida, tildado por algunos como “licencioso”  

 Vale aclarar que bajo estas estampas pornográficas, e inclusive algunas más sutiles protagonizadas por sensuales cortesanas, se esconde una realidad de esclavitud sexual que no siempre es mencionada. En la tierra de la espiritualidad y el budismo, las cosas no son -ni fueron- diferentes.

 Imagen tomada del libro “L´Érotisme Japonais”, Editorial Solar; 1981.

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 La estampa de Facio Hebequer viene a introducir el papel que —dentro de la historia del arte en Argentina— juegan Los Artistas del Pueblo. Ante el tradicionalismo preocupado por sentar las bases de un arte nacional y las vanguardias pictóricas que acotaba su hacer al plano meramente formal,  el grupo conformado por Facio Hebequer, Riganelli, Vigo, Bellocq y Arato reacciona respondiendo con un realismo no académico, que apuntó generar un arte que acompañara e incluso impulsara los procesos revolucionarios protagonizados por la combativa clase obrera de esos años. Es en la figura de algunos de sus artistas que tienen lugar las primeras experiencias anti-institucionales del arte vernáculo.
 Ligados a la editorial Claridad (con los escritores Barletta, Castelnuovo, entre otros), pusieron ilustración a sus escritos, además de a diversos periódicos obreros de la época. 



Guillermo Facio Hebequer. "Y las Minas". (Serie Los Trabajadores) Litografía.

 Una lectura aparte puede hacerse de la decisión del lenguaje, el grabado y sus diferentes técnicas. Muñoz ve una correlación entre el trabajo artesanal que los procedimientos del grabado exigen y el trabajo manual reivindicado desde la corriente sindicalista.
Una característica del grabado es la particularidad de permitir obtener originales múltiples, distanciándose de la pintura concebida como obra única. El costo de producción es relativamente económico y el valor de cada estampa, es mucho más reducido y accesible. Inclusive Facio Hebequer no numeraba sus trabajos desestimando el aspecto comercial (siempre se jactó de vivir al margen de su producción artística, lo que le permitió plena independencia en la temática a abordar).  
 Su elección por el arte impreso, sumado a sus participaciones en medios gráficos del mundo obrero, priorizándola por sobre las muestras, son claramente identificables con una postura estético/ideológica, que abreva en artistas militantes como Käthe Kollwitz y Frans Masereel.


 Imagen tomada de una estampa orginal.

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"Fuente" de R. Mutt (Marcel Duchamp).
 Basta con hacerse de un Manifiesto Dadá para comprobar las intenciones corrosivas que guiaba el accionar del movimiento. Dadá surge en Europa en el período de entre guerras y se propuso convulsionar el mundo del arte y las ideas estéticas que en él imperaban; como tabla rasa, como grito de desencanto ante la idea de progreso propia del paradigma iluminista. Viene a vindicar la contradicción, la negación, el azar, lo irracional, el humor.

 La provocación era su modus operandi: la gente se escandalizaba de las obra concebidas con basura, los poemas fonéticos/guturales, los alaridos, las ropas ridículas, los recitados simultáneos de diferentes poesías, los dibujos ofensivos a la moral; es sabido que muchas de sus exposiciones terminaron a los golpes.
 Sería inexacto afirmar que el carácter formal de la obra pasaba a un segundo plano; sí primaba la idea de concepto, (hay quién sostiene que la forma y el contenido son parte de un todo siendo una constitutiva de la otra) pero la heterogeneidad del grupo lo hace difícilmente encasillable. Convivían en un todo caótico el dibujo del Cristo con botas y máscara de gas de Geroge Grosz, con el espejo que rezaba “Retrato de un Idiota” de Soupault

 Obra paradigmática del movimiento, la “Fuente” de Duchamp, fue objeto de múltiples interpretaciones. Problematizar del estatus de “obra de arte”, cuestionar la categoría de autor, erigir un objeto utilitario sin valor estético en un objeto de contemplación, más otras tantas que estoy pasando por alto.
 Pero Duchamp —gran pintor— siempre sostuvo que su obra conceptual era “no-arte” negando su pradinazgo del Pop-Art

 Desde ya, la inclusión del mingitorio en este panfleto no habla de su origen cuestionador; o más preciso sería decir que habla de él, pero también de su proceso de institucionalización. El lugar del arte de vanguardia que una vez instituido —es decir, una vez dentro de la institución artística— ve mermada su radicalidad, neutralizada su crítica. La producción vanguardista surge como ataque a la institución (entendiendo “institución” del modo en que lo plantea Bürger, como el espacio de circulación y comercialización, así como la idea que se tiene sobre el arte en un determinado momento), pero es absorbida y consagrada. Por ello el Mingitorio de Duchamp se exhibe hoy como una obra más.

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Lajos Szalay, dibujo de la Serie "La Tragedia Húngara"

 El dibujo de Lajos Szalay viene a representar a una víctima. Su inclusión se debe a que considero a Szalay uno de los maestros indiscutidos del Dibujo, uno de los más grandes de todos los tiempos y siempre es deseable su difusión; a su vez, su obra —puntualmente esta serie de dibujos que constituye "La Tragedia Húngara"— denuncia la dura represión comunista en Hungría y puso a su autor en un plano incómodo, similar al de Camus durante aquellos años…
 La represión es inherente al estado, más allá de su signo político.

 Imagen tomada del libro “Lajos Szalay: Dibujos/ Drawings”. 

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Otros personajes.

El Greco. El Caballero de la mano en el Pecho


Gustav Klimt. Portrait of Adele Bloch-Bauer


11 comentarios:

NN dijo...

Puede reclamárseme, no sin justa razón, que los parlamentos del obrero son impropios del trabajador de una mina, que parecen más la verba de un teórico que de un hombre de acción. De acuerdo, nadie va a reprocharme tal cosa. Aún así comento para quien le interese –es decir, para nadie- que consideré darle un habla más coloquial, pero me pareció indicado, a los fines narrativos, que sus palabras fueran elocuentes. Después de todo, Facio Hebequer procedía de un hogar obrero y sus artículos tenían cierta calidad literaria –lo digo yo, que de literatura sé bien poco-.

José Pablo Iorio dijo...

¡Debemos ensuciarnos en el Barro de la Historia! ¡Salir a la calle!
Pero los pensadores, intelectuales y artistas no podemos permitir que nos sea vedado el acceso a los lugares de consagración de las actividades culturales, llámesele teatro, museo, librería, diario, radio, o Prime Time televisivo.
Para lograr el acceso a esos lugares, debemos pertrecharnos del léxico del Pueblo, de toda la verba coloquial y las maneras y la sintaxis propias de los más bárbaros e iletrados exponentes de nuestra sociedad, no caben dudas.

Siendo así, y resumiendo:
No entiendo por qué carajo algunos de sus personajes no hablan como habla la negrada cansada y hambrienta que rodea la ciudad. O aunque sea, como la gente en la vida misma, loco. Por ej. como en Gran Hermano o en El Bailando, manga de putos.
Vayan a aprender a coger.

NN dijo...

Nos faltaría conseguir con quién, José. Si conocés a alguien, avisá.

Robert Crumb dijo...

Zzzzzz....
¡Que tedio, gilipollas!

A ver si os espabiláis un poco, hatajo de mamones, les transcribo una reflexión que pueden leer completa en la web de Entrecomic, de una entrevista telefónica que me hicieron hacen algún tiempo.

“(...) tienes que pensar en esa especie comunicación de entretenimiento para la gente cuando haces cómics. Siempre tienes que hacer que sea entretenido. No puedes esperar que sean ellos los que vengan a ti. A mí no me gusta cuando veo que la gente hace cosas artísticas y esperan que el público se incline hacia atrás para entender qué es lo que están haciendo. Eso no funciona. Puedes ser profundo, pero no tienes que mirar a la gente por encima del hombro. Tienes que comunicar, tienes que mantener su interés.

Por supuesto que tienes que mantener el interés de la gente. No puedes presumir que lo van a leer si no pones algo para ellos. Tienes que entretenerlos, tienes que llegar a ellos. Gran parte del reto de cualquier medio en el que de verdad quieres llegar a la gente, es pensar en cómo hacerlo y además seguir siendo honesto y no sólo complaciente. Gran parte de los medios simplemente son complacientes. Ese es el problema de muchos cómics y de muchas películas, de casi todo, la música pop”.

¿Y encima teneís el coraje de mencionarme como una de sus inspiraciones? ¡Ya!
¡La tenéis adentro!

NN dijo...

¡Bueno, Robert, pero no te enojes!
Yo puse una verga japonesa para el deleite y la diversión del público. ¡Hasta hay tetas como en el Bailando!
¿Qué pretende usted de mí?

DJ. Yacaré dijo...

¡Qué Gayón, que gayón, la saqué embayada!

Guerrero cónchico dijo...

Che, "NN", esa es la verdadera "salchicha oriental".
Y sí, más de uno háse deleitado con ella, así como con los senos de su amiga, mas extrañóme la ausencia de un buen felpudo cavernoide cual el que exhibiera la muchacha del mentado "Shunga".
¿Estamos negando la fuente misma de la vida? ¡Qué falocéntrico lo suyo!

Belén Francese dijo...

Me gustó, y quisiera transcribir acá unas líneas de mi escritor favorito:

1) El autor debe poseer una historia que valga la pena contar.

2) El autor debe sentir un deseo apasionado de escribirla.

3) Ha de tener la convicción, o al menos la ilusión, de que es el único capacitado para abordar ese tema concreto.

Isaac Bashevis Singer.

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Me parece que esto se cumple en Panfletorieta, no creo que Lucas Fulgi piense en esto, porque cuando llueve, él se conmueve con el arte que habita en cada irrepetible gota de lluvia, pletórica de significados y significantes, connotaciones y denotaciones, suposiciones y deposiciones.

Por otro lado, también quiero citar a Heine. Porque a veces uno busca una oreja amiga, un oído cómplice:

Rara vez me comprendieron
y pocas los comprendí a ustedes,
sólo cuando nos encontramos en al mierda
nos comprendimos al instante.


Bueno, espero que les vaya muy bien y que saquen muchos números más de esta amena y simpática publicación, pues la hacen pública a un precio razonable, más allá del rápido rédito económico y eso la gente lo tiene en cuenta. La gente aprecia cuando se hace algo bueno por ellos. Como cuando Tinelli quería comprar tierras a los mapaches. Como son gente de bien, al final transaron. Pero transar no es necesariamente petear. O sí. No sé, se los dejo a su criterio.

Jorge W. dijo...

¿Los mapaches son esos con plumas en la cabeza?
¿O son los que tienen colas rayadas y lo' h(j)ojo' mancha'os?

Zaira Nara dijo...

Los mapaches son:

a) Aborígenes de barro que abjuraron de su origen para ser indígenas, insertando en su ADN genes de indigentes, para obtener la libertad, sí, la libertad para morirse de hambre. Benetton unió los colores necesarios para financiar la inclusión de indios en la otredad. Un grupo de descontentos reclamaron con la consigna "El que nomina, domina", pero Benetton retrucó hábilmente "Culo que rezonga quiere poronga" y como los descontentos no querían pasar por putos, nada le contestaron.

b) Según las teorías conspirativas de Anabela Ascar y Brenda Asnicar, los mapaches son emisiones peludas con forma de pequeños seres huraños y cavernoides, de hábitos cleptómanos. Su origen, se da cada vez que Super Mario III agarra la hojita, que le da poderes de super saiayín y le hace aparecer una cola como a Kakaroto.
Ahora no abundan, porque no quedan muchos Family Games para jugar al Super Mario III, pero cuando uno juega al emulador en la compu, aparecen algunos mapaches a varios kilómetros. Pero como la gente no creé en ellos, se desintegran en esta dimensión para retornar a una oscura inexistencia.

Roger Waters dijo...

¿Se mueren, entonces, los mapaches?

Me parece que puedo robar con alguna chapusong de esas en las que escribo una letra de esas onda León Gieco de las de ahora, y le digo al gordo Gilmour que le ponga música. Gordo Gilmour siempre le pone onda a mis letras largas, porque su instrumento no es el bajo eléctrico.

En fin. Ah, una cosa más. El 17 toca Acorazado Potémkin gratis en el Parque Centenario. Me dijeron "Roger, vos que sos pata, ¿no te venís y hacés unas canciones?"
Yo les dije "¿Pata? ¡Patalín!" como diciendo "¡Minga!" o "¡De acá!"
Pero me seguían inflando los globos, my hands felt just like two ballons de tanto "Dale, Roger, que vos te enbanderás con las causas solidarias, tocá gratis una puta vez en tu vida, no seas forro, no te ortivés... no te pedimos que hagás Wish You Were Here, hacé aunque sea Vení Raquel..."

Y bueno, yo hice la gran Tévez: "Very difficult, very difficult" y me fui a robar a otro lado. Ya van ¿cuántos años robando con el mismo disco? Qué bien que la hice. Y ahora, Shakira me va a hacer shake shake en el sogán.